Mi experiencia con el velomóvil DFXL (Micke)
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- Written by Velomobile World
HISTORIAS DE LA COMUNIDAD VELOMOBILE
Título: Mi experiencia con el velomóvil DFXL
Autor: Micke (Francia)
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Han pasado casi 18 años desde que empecé a usar la bicicleta para ir al trabajo. Al principio, pese a que la distancia era de solo 5 km, me parecía imprescindible usar una bicicleta eléctrica. Pero la falta de comodidad y el aumento del trayecto a 15 km me llevaron a descubrir las bicicletas reclinadas. Primero usé un triciclo y luego una reclinada de dos ruedas (high racer), hasta que en 2011 pasé al velomóvil con la compra de un Quest de segunda mano.
El velomóvil combina las ventajas del triciclo (comodidad, estabilidad en invierno –algo importante en Estrasburgo) y de la bicicleta de dos ruedas (velocidad), con la protección extra contra el clima y la seguridad que ofrecen las luces, los intermitentes y la carrocería en caso de accidente. Reemplazó a nuestro segundo coche (que fue lo que financió su compra).
Por aquel entonces, lo usaba en un 99 % para fines prácticos: ir al trabajo, hacer la compra, llevar a los niños al colegio o a la guardería (con un remolque acoplado al Quest).
En ese contexto, el velomóvil es, sin duda, la mejor opción: mantenimiento mínimo, fácil de cargar (por volumen y peso), y muy eficiente en zonas periurbanas.
En 2013, el trayecto aumentó a 30 km, así que empecé a combinar días en velomóvil con otros en tren para evitar el cansancio.
En 2019 vendí el Quest para hacerme con un DFXL, que en ese momento me parecía la evolución más lograda del velomóvil rápido y práctico. Las tapas de mantenimiento, el fácil acceso a las ruedas delanteras y el sistema eléctrico completo fueron algunas de las características que me conquistaron desde el principio. También podía elegir la transmisión según mis necesidades, y a día de hoy sigo encantado.
Empecé a usar el DFXL para mis desplazamientos y noté que era mucho más ágil y veloz que el Quest. Pronto tuve la oportunidad de añadirle los “pants” (carenados de rueda), y pese a que ponerlos y quitarlos requiere algo de maniobra, la ganancia aerodinámica era tan significativa que decidí dejarlos puestos a diario. El radio de giro aumentó, incluso con ruedas especiales, pero no supone problema en mi ruta habitual.
Cada vez uso menos el tren y más el velomóvil. El tiempo de viaje se estabilizó entre 45 y 50 minutos, muy cercano al del tren (30 minutos más 10 hasta la estación). Desde 2022, ya no tomo el tren para ir a trabajar. Incluso en días de fatiga o si estoy algo resfriado, el DFXL me permite seguir sin perder tiempo. Se puede rodar tranquilo y solo perder unos 5 minutos.
Su eficiencia es tal que empecé a participar en algunas pruebas y contrarrelojes. Gracias al entrenamiento diario, ni siquiera necesito entrenar específicamente para disfrutar de estas competiciones y pelear por los podios (CLM Francia 2020, PLB Muco 2020/2021, 4 h Chambley 2021, Mundial 2022).
Hoy, el velomóvil ha transformado mi forma de entender la movilidad. También lo utilizo en viajes de trabajo por Alsacia, siempre que puedo asegurar un buen sitio para aparcar (casi siempre, de hecho). Si no tuviera plaza subterránea privada y segura en el trabajo, sería difícil usarlo tanto.
De hecho, pienso como si condujera un coche, y cualquier desvío solo “me cuesta” unos minutos. Con velocidades medias de 40-45 km/h, añadir 10 km más no supone más de 15 minutos.
Ventajas
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Casi se mueve solo (en terreno llano): si el recorrido es favorable (poco desnivel, pocas paradas), mantener 40 km/h es perfectamente posible.
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Comodidad: rodar como en el salón de casa. Nada que ver con una bici convencional. Sin dolores en cuello, muñecas, espalda ni glúteos. Solo trabajan las piernas.
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Ausencia de fatiga: al no forzar otras partes del cuerpo, puedes pedalear varios días seguidos sin molestias.
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Regularidad de tiempos: incluso con lluvia, frío o de noche, el tiempo apenas varía. El techo protege y compensa las pérdidas.
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Seguridad: aunque digan “no se te ve”, los coches respetan mucho más al adelantar. Eso sí, hay que tener cuidado en cruces: los conductores no calculan bien nuestra velocidad.
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Mantenimiento mínimo: en 45.000 km, solo reajusté los frenos dos veces. Casi todo el mantenimiento ha sido por piezas rotas, no desgaste.
Inconvenientes
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Precio: es una inversión importante, aunque para mí reemplazó un coche.
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Visibilidad percibida: muchos comentarios de que “no se ve”, aunque es más visible de lo que parece. Puede generar discusiones con el entorno.
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Equipamiento específico: conviene ser autosuficiente para reparaciones. Pocas tiendas de bici lo aceptan por desconocimiento.
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Planificación: hay que pensar en dónde aparcar y cómo asearse al llegar, sobre todo en destinos poco habituales.
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Transporte: no es fácil de mover como una bici normal. En tren, imposible; en coche, hace falta adaptaciones.
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Desgaste de neumáticos delanteros: el estilo de conducción y el uso de “pants” exigen neumáticos finos que duran poco. He encontrado solución con los Contact Urban, pero no están diseñados para tubeless.
Mi configuración DFXL
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Capota: indispensable con frío, lluvia o viento. La visera ayuda a evitar el vaho, aunque de noche y con lluvia la visibilidad puede verse comprometida.
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Pants: mejoran muchísimo la aerodinámica, aunque reducen el radio de giro. Es imprescindible tener ruedas adaptadas.
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Transmisión: Schlumpf MD, plato 61 y cassette 11-36 de 11 velocidades. Ideal para mis rutas, con buena progresividad y amplio rango de desarrollo.
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Iluminación trasera: la de serie no era suficiente. Añadí una secundaria con lente de difracción para mejor visibilidad lateral.
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Tubeless: desde el inicio en las ruedas delanteras, y más recientemente también atrás. Llevo una rueda de repuesto por si acaso.
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Timbre clásico “dringdring”: fundamental en carriles bici para evitar el uso de la bocina. Además, ¡a los niños les encanta!
Autor: Micke, desde Francia (versión en inglés traducida del original en francés)